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lunes 9 de enero de 2012

Un Equipo A-típico

Un manera diferente de hacer documentales...

martes 20 de diciembre de 2011

Camino al exilio virtual

Empiezo a caminar hacia la estación con la esperanza de que ningún periódico partidista, sórdida radio y tertulia utópica de café me disuelvan en mi firme decisión de emprender tan largo viaje. La estación de Francia sobria y melancólica, como si su adormecida consciencia le recordara que tiempos pasados fueron mejores, me aleja de un país en pleno cambio.
El paisaje va descubriendo un territorio en conflicto consigo mismo, parado, decadente, incoherente, falto de futuro y, para más inri, pleno de intereses electoralistas y partidistas que provocan en el más optimista de los ciudadanos un estado de desánimo permanente.


Ustedes me perdonaran, pero no creo que un señor barbudo, nacido en tierras gallegas, con aires arrogantes, capaz de silenciar las verdades más corruptas  y de ofrecer las soluciones más invisibles, sea capaz de poner fin a tal desmesura. Más aún viendo que el escudo de la monarquía que todo lo tapa se resquebraja ante el ataque feroz y puntiagudo de un príncipe, perdón duque, hermoso.

Mi tristeza empieza a evocar la historia de un país siempre silenciado, incapaz de entender su pasado para construir su propio futuro de progreso. La frontera de la Europa más desunida se acerca. No confío en encontrar la solución al otro lado de los Pirineos que no encontraron los republicanos abatidos en tiempos no muy lejanos. Pero curiosamente al sentirme inmigrante de nuevo, aunque de momento sólo sea virtual, me olvido del conformismo, del despotismo, del conservadurismo rancio, de la arrogancia de los vencedores y sobretodo de las excusas baratas.

¡En el exilio virtual vuelvo a sentirme progresista!

domingo 30 de octubre de 2011

viernes 14 de octubre de 2011

El espejo sin reflejo


La gente piensa que todo es posible. En cambio todo era imposible cuando no alcanzaron su objetivo.

Cuando me miro al espejo ni tan siquiera me veo, es duro admitirlo. Veo a un ser de parecido razonable que incluso parece tener mis andares, aunque paradójicamente en ese preciso instante se encuentre inmóvil ante mi. Pero nada más lejos de la realidad, el diálogo que emprendemos es siempre inconexo y falto de contraste, la autocompasión y la esperanza nos unen en pro de un futuro mejor… ¿Pero a caso existe? El afirma que sí, que basta verme, aunque yo cabizbajo, como inmediatamente se apresura él a copiarme, le replico que no consigo entender cual es mi destino, mi rumbo, mi parecer en este mundo… ¿Que puedo hacer? Levanto mi mirada al tiempo que el levanta la suya y exclama, ¡poco puedes hacer ante tanta incomprensión! Entonces nos agachamos a la par y el silencio nos inunda, ¡Ay que ver!

Varios segundos han pasado sin que ninguno de los dos nos atreviéramos a romper nuestra silueta esculpida, pero irremediablemente la angustia, el desespero, y la intranquilidad se apoderan del silencio, ¿Dónde están la sobriedad, la tranquilidad y la estabilidad? ¿En que período de nuestra mísera existencia se volvieron obsoletas?

La luz titubeante parece colocar distancia entre nosotros y aumentar la profundidad que nos ampara, aunque de repente nuestras manos de forma paralela ponen rumbo a la lejanía de nuestro reflejo y estrujan, sin que nuestros ojos perciban su unión, con fuerza la bombilla.

¡Ahora!

Bien pudieran pensar algunos que mi ser ante su semejante llegaran a alcanzar un estado de semi locura y lucidez al mismo tiempo, ¡que increíble sería!
Pues bien, me apresuro a desmentir tal creencia a fin de evitar futuras e irreparables confusiones. Las cuales nos condenan, nos irritan y tantas y tantas veces nos desanparan de nuestra propia e inexplicable realidad.

Tu, yo, o los dos, ¿Por qué?

A caso no te soporto, no te proyecto, no te vacilo en nuestros momentos íntimos de reflexión y coraje, sólo sé que cuando te veo no me reconozco, y que cuando tu ausencia me invade, no veo en mi más que un ser pobre y melancólico.

¿Quién pudiera bien decirme, en el favor de mi excelencia e inteligencia, por qué tan complejo es el verme a mi mismo?