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viernes 14 de octubre de 2011

El espejo sin reflejo


La gente piensa que todo es posible. En cambio todo era imposible cuando no alcanzaron su objetivo.

Cuando me miro al espejo ni tan siquiera me veo, es duro admitirlo. Veo a un ser de parecido razonable que incluso parece tener mis andares, aunque paradójicamente en ese preciso instante se encuentre inmóvil ante mi. Pero nada más lejos de la realidad, el diálogo que emprendemos es siempre inconexo y falto de contraste, la autocompasión y la esperanza nos unen en pro de un futuro mejor… ¿Pero a caso existe? El afirma que sí, que basta verme, aunque yo cabizbajo, como inmediatamente se apresura él a copiarme, le replico que no consigo entender cual es mi destino, mi rumbo, mi parecer en este mundo… ¿Que puedo hacer? Levanto mi mirada al tiempo que el levanta la suya y exclama, ¡poco puedes hacer ante tanta incomprensión! Entonces nos agachamos a la par y el silencio nos inunda, ¡Ay que ver!

Varios segundos han pasado sin que ninguno de los dos nos atreviéramos a romper nuestra silueta esculpida, pero irremediablemente la angustia, el desespero, y la intranquilidad se apoderan del silencio, ¿Dónde están la sobriedad, la tranquilidad y la estabilidad? ¿En que período de nuestra mísera existencia se volvieron obsoletas?

La luz titubeante parece colocar distancia entre nosotros y aumentar la profundidad que nos ampara, aunque de repente nuestras manos de forma paralela ponen rumbo a la lejanía de nuestro reflejo y estrujan, sin que nuestros ojos perciban su unión, con fuerza la bombilla.

¡Ahora!

Bien pudieran pensar algunos que mi ser ante su semejante llegaran a alcanzar un estado de semi locura y lucidez al mismo tiempo, ¡que increíble sería!
Pues bien, me apresuro a desmentir tal creencia a fin de evitar futuras e irreparables confusiones. Las cuales nos condenan, nos irritan y tantas y tantas veces nos desanparan de nuestra propia e inexplicable realidad.

Tu, yo, o los dos, ¿Por qué?

A caso no te soporto, no te proyecto, no te vacilo en nuestros momentos íntimos de reflexión y coraje, sólo sé que cuando te veo no me reconozco, y que cuando tu ausencia me invade, no veo en mi más que un ser pobre y melancólico.

¿Quién pudiera bien decirme, en el favor de mi excelencia e inteligencia, por qué tan complejo es el verme a mi mismo?

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